La arquitectura sostenible busca diseñar y construir edificios capaces de ofrecer confort, durabilidad y calidad de vida utilizando la menor cantidad posible de recursos y energía.
Pero construir de forma sostenible no consiste únicamente en instalar placas solares o elegir materiales ecológicos. La sostenibilidad empieza mucho antes: en la forma de situar el edificio, entender el clima, seleccionar los materiales y decidir cómo se relacionará con su entorno durante toda su vida útil.
Diseñar antes que consumir
Una de las claves de la arquitectura sostenible es reducir las necesidades del edificio desde su propio diseño.
La orientación, la protección frente al sol, la ventilación cruzada, los patios, la vegetación o la inercia térmica de los muros pueden ayudar a mantener una temperatura confortable de manera natural.
Una vivienda bien diseñada necesita menos calefacción y refrigeración y, por tanto, consume menos energía durante décadas.
Por eso, antes de incorporar tecnología, es importante conseguir que la propia arquitectura trabaje a favor del clima.
Materiales naturales, locales y duraderos
También importa cómo y con qué construimos.
Utilizar materiales naturales y de proximidad permite reducir el impacto asociado al transporte y, al mismo tiempo, mantener vivos conocimientos, industrias y oficios locales.
Materiales como la tierra, la cal, el corcho, la madera o el barro cocido han formado parte de nuestra arquitectura durante siglos. Bien utilizados y combinados con los conocimientos técnicos actuales, pueden ofrecer excelentes prestaciones térmicas, ambientales y constructivas.
En nuestra Casa Cueva de Granada, por ejemplo, recuperamos materiales y técnicas profundamente vinculados a Andalucía: tierra compactada, madera de castaño, yeso natural, cal aérea, barro cocido y corcho de alcornoque.
Aprovechar los recursos del lugar
La arquitectura sostenible también busca aprovechar lo que cada emplazamiento ofrece.
En la costa pueden ser las brisas marinas. En una parcela con una cueva, la temperatura estable del terreno. En otras viviendas, la orientación solar, la sombra o la ventilación natural.
Nuestra Casa Bioclimática de La Cala del Moral, por ejemplo, utiliza un patio interior, muros de elevada inercia térmica y un sistema experimental que aprovecha el sótano-bodega como climatizador natural.
No existen, por tanto, soluciones universales. Cada lugar pide una arquitectura diferente.
Energía, agua y recursos
Una vivienda sostenible debe reducir su demanda energética y aprovechar de forma responsable los recursos disponibles.
Las energías renovables pueden cubrir parte de las necesidades del edificio, mientras que los sistemas de recuperación, almacenamiento o reciclaje de agua permiten disminuir el consumo.
Pero el objetivo no debería ser compensar con instalaciones un edificio que consume demasiado, sino diseñar primero para necesitar menos.
Construir para durar
La sostenibilidad también tiene que ver con el tiempo.
Un edificio duradero, fácil de mantener y construido con materiales que envejecen bien tendrá un impacto mucho menor que otro que necesite constantes sustituciones o reformas.
Por eso entendemos la arquitectura sostenible como una combinación de diseño bioclimático, eficiencia energética, materiales saludables, recursos locales y técnicas constructivas duraderas.
En muchas ocasiones, avanzar hacia una arquitectura más sostenible no significa inventar una nueva forma de construir, sino aprender de aquellas arquitecturas tradicionales que ya sabían aprovechar el clima, los materiales y los recursos de cada territorio.