Los balcones tradicionales de las fachadas de Madrid son un ejemplo de la sencillez constructiva y de los detalles de sensibilidad que esconden estos edificios.
Su vuelo, que varia según la planta, sobresale mas del plano de fachada en la planta baja y menos conforme ascendemos de piso. Este diseño, que al parecer dejaron de explicar en la Escuela, produce un efecto óptico tal que al mirar desde la calle vemos la fachada plana y no «se nos cae encima» como ocurre en la «recreaciones» actuales.
Por otra parte su método constructivo es una clase de optimización de recursos; la barandilla de forja hace de estructura que sujeta una delgada solera de 50 mm formada por azulejo vidriado en la cara inferior, argamasa y baldosín cerámico. Estructuralmente funciona como una reja de forja que se ha ido asomando hacia fuera del plano de fachada hasta requerir un suelo mínimo. El balcón de la foto ha aguantado unos 130 años antes de ser restaurado, no está mal como vida útil.
Los daños, como casi siempre, vienen causados por el agua que de ha ido infiltrando en la solera oxidando las partes metálicas y disgregando la argamasa.
La solución es sanear de óxido la estructura de forja y la chapa de protección, sustituyendo las piezas irrecuperables, y colocar una nueva bandeja de solera pero cambiando del original la argamasa por hormigón aligerado con arlita reforzado con un mallazo de 20×20.
Un aspecto del diseño a tener en cuenta en la rehabilitación de la base del balcón es la pletina que hace de encofrado, esta debe sobresalir unos centímetros de la parte de abajo para que haga de goterón.